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Abasto de agua


Abasto de agua.

De los dos acueductos surtidos por los manantiales Acuecuexcatl, Zochcoatl y Tiliatl de Coyoacán y Churubusco, así como de los ubicados en el Templo Mayor y en Zoquiapan, se distribuía el agua mediante caños descubiertos (apantles) hacia fuentes públicas y casas de nobles. Quien no contaba con el abasto de agua dulce por estos métodos era abastecido mediante compra a aguadores en canoa.


Tecnología hidráulica.

                                                                   
El asentamiento en el entorno lacustre exigió sistemas hidráulicos para el aprovechamiento de los recursos naturales y la contención de las aguas para evitar inundaciones y se abasteciera de agua dulce, así como para cultivos y la propia circulación hacia lo interno y externo de la ciudad.
Se hicieron necesarias entonces obras complejas de control que permitieron producir alimentos en volumen para una mega urbe que desarrolló sistemas complejos agrícolas, base de su economía y subsistencia.

Los mexicas construyeron y cultivaron chinampas, parcelas superficiales sustentadas con pilotes y gruesas capas de tierra regadas con canales (acalotes) y por infiltración propia del lecho donde estaban asentadas. También idearon sistemas de riego mediante canales, presas diques, compuertas y depósitos fluviales.

Las aguas del lago representaron siempre un riesgo por las corrientes que en el se formaban  así como las características propias de un entorno lacustre.

Las obras principales fueron los diques o albarradas, destacando el llamado albarradón de Nezahualcóyotl, ideado por éste y construido en 1449 un muro de piedra y argamasa pensado en la contención y separación de las aguas salobres y dulces y que corría de sur a norte desde el embarcadero de Mexicaltzingo  en la margen de Iztapalapa hasta el Peñón de los Baños a lo largo de 16 kilómetros.



Otra obra hidráulica importante fueron los acueductos, destacando el construido por Ahuizotl para abastecer de agua dulce desde el acuecuexcatl de Huitzilopochco hasta el centro de Tenochtitlan por la calzada de Ixtapalapa, así como el doble de Chapultepec (construido en 1465) que circulaba adyacente a la calzada Tlacopan, con dos canales que se usaba uno a la vez para dar mantenimiento al otro.


Hidrológica.
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Las fuentes de recarga del agua subterránea en la cuenca se derivan, en gran medida, de las precipitaciones infiltradas en el subsuelo y del agua de nieve derretida en las montañas y cerros que rodean el valle de México y el de Pachuca; este flujo se desplaza en forma de una corriente subterránea hacia las zonas menos elevadas.

 Las corrientes y depósitos de agua subterránea han originado numerosos manantiales al pie de las montañas e incluso afloramientos de agua en el piso de los valles de la cuenca, haciéndolo un área muy buena para la agricultura de regadío, aunque por la diferencia entre la descarga y la recarga de estas fuentes se producen hundimientos del suelo, los cuales son más notables en la ciudad de México.

La compleja geología de la antigua Cuenca de México ha proporcionado a lo largo de la historia abundantes recursos de agua a sus habitantes desde la última Edad de Hielo, a pesar de la escasez de agua superficial, ya que si bien el área se hallaba cubierta de lagos, su profundidad era increíblemente baja, a grado de que para construir sobre ellos solo eran necesarios pilotes o basamentos de menos de 2 metros de altura en algunas regiones del sistema, hecho que se refleja en el proceso de construcción y cimentación de las chinampas de Xochimilco. Las características físicas y la hidrogeología de la cuenca han cambiado drásticamente, especialmente en la porción sur, donde la presencia humana ha sido un factor importante desde los tiempos de la capital azteca de Tenochtitlán.