Powered By Blogger

Arqueologia

Arqueología

Palabra que evoca para la mayoría de la gente, tal vez, excavaciones polvorientas y túneles oscuros. Comprensible, pues la mayoría de los sitios arqueológicos mexicanos se hallan en lo que podríamos llamar tierra firme, independientemente de que esté cubierta de selvas, como en Campeche, o dominada por espacios abiertos, como en Teotihuacan. Algunos evocarán, por contraste, ejemplos de arqueología subacuática a pesar de que no es mucho lo que hay de esto. Pero también cabe encontrar, entre estos extremos, una asociación de la arqueología con lagos y ríos. Tal vez no es muy frecuente pensar en ella, al menos en este país, pues gran parte de nuestros lagos ha desaparecido. Pero Tenochtitlan estaba en una laguna. De haber sido otra la historia ambiental del Valle de México, al decir arqueología vendrían a la mente inmediatamente imágenes de excavaciones entre plantas acuáticas, pantanos y mucho lodo.
De hecho, en el México prehispánico hubo muchas más poblaciones asentadas en las riberas de los lagos de lo que hoy podemos imaginarnos. No es difícil entender por qué, pues los lagos eran fuente de alimento y medio de comunicación, por no hablar de su incomparable belleza. Piénsese en las chinampas, esas islas artificiales hechas con ramas y limo que establecían un lazo íntimo entre el medio lacustre y el cultivo agrícola, y se tendrá un botón de muestra de lo que significaban los lagos. No puede haber comprensión de la cultura ni de la economía de ese mundo desaparecido sin tomar en cuenta el papel real y simbólico jugado por esos cuerpos de agua.
Desafortunadamente, la desecación de muchos de ellos ha producido la pérdida del contexto ambiental requerido para una cabal comprensión del asunto, y lo que pudo ser arqueología del lodo se ha convertido en arqueología del polvo. Aun así, es un campo en el que hay mucho por descubrir. Un primer paso para avanzar en ello es el de procurar un mayor conocimiento de esos lagos y de lo que fue la vida en y alrededor de ellos. Para tal fin, además del trabajo propiamente arqueológico, es de gran ayuda compenetrarse de algunos temas de la historia posterior a la conquista española, cuando todavía subsistía el entorno lacustre que había dominado, por siglos y siglos, muchos espacios mesoamericanos. Y no está por demás tomar conciencia de que la desaparición de los lagos –no de todos, afortunadamente– es un fenómeno reciente provocado en gran parte, y de manera deliberada, por la intervención humana.



En el periodo previo a la invasión española, las cuencas lacustres de origen volcanico albergaron a dos de las más grandes civilizaciones del posclásico mesoamericano: la mexica y la purépecha.
La cuenca de México no era un valle, ni el lago era solo un lago, se trataba más bien de un sistema compuesto con cinco subcuencas con espejos de agua someros y fondos, relativamente planos, con secciones pantanosas y con lagunetas, que ocupaba entre 800 y 1000 km2 de superficie.    E conjuntos, de alturas ligeramente diferentes, funcionaba como un sistema de vasos comunicantes que confluía en el de Texcoco, se encontraba artificialmente subdividido en dos por medio de un dique que fue construido bajo la dirección del gran tlatoani acolhua nezahualcoyotl.
El lago de México ocupaba la parte occidental y era menos salino porque fue aislado con la edificación del dique y de otros más pequeños a su alrededor, así como porque recibía agua dulce de los manantiales del sur y ríos del poniente, esto hizo posible que sus pobladores construyeran chinampas agrícolas tanto en la propia ciudad de Tenochtitlan como en sus inmediaciones.
En el sur se encontraban los dos lagos de agua dulce mas importantes, Chalco al oriente y Xochimilco al occidente, subdivididos también mediante la calzada-dique de Cuitlahuac, las aguas eran especialmente ricas en vida silvestre debido a que se alimentaban de muchos y caudalosos manantiales de ríos originados  en los Glaciares de la Sierra Nevada.  
Una capa de vegetación flotante siempre verde que cubría la superficie de los lagos, disminuía los efectos de la insolación y brindaba el material necesario, junto con otras especies acuáticas del fondo para construir y manejar las chinampas. Al norte de la cuenca de México estaban los lagos Xalcotan y Zumpango se nutrían con agua de varios ríos perennes, como el Cuautitlan, de ríos temporales y de algunos manantiales.